Ciudad Maravillosa
Érica M. Garay
La Ciudad Maravillosa
existe para mí, para todos. Entre cuando
quiera.
Lares de paso libre y enormes ventanas
que perfilan sombras al exterior:
familias unidas, parejas enamoradas,
viajes, reuniones, banquetes, qué sé yo.
Deambulé por la ciudad con ojos
asombrados,
la llave de la fascinación abrió puertas y
me colé,
las casas resplandecían.
Dentro, a la luz de la realidad, era
distinto.
acaloradas discusiones, indiferencia,
hielo.
Enamorados que no lo estaban,
viajeros sin destino,
reuniones que separaban más.
Al salir, me cercioré: idílicas escenas.
Todo maravilloso, todo perfecto, todo.
¿Cómo? ¿Un sortilegio?
Cortinilla de pretensión, humo de alarde,
ostentación en jirones de bruma,
lo que se quiere ser.
¿No es
la vida sueño y los sueños, sueños son?

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