La hojita de Eucalipto
Martha Marroquín Morales
Era una hojita verde y vanidosa que todos
los días se bañaba de sol.
- ¡Me cuelgo hacia abajo y me sostiene
rabito!-, decía con mucha gracia y humor.
Cuando volaban las aves, las escuchaba
cantar:
¡Adiós hojita…, te ves muy bonita!, y era
feliz.
Aunque alargada y de forma muy fina, su
aspecto de lanza la hacía parecer, más bien un pequeño cuchillo que una hoja
normal; pero no sentía celos de las otras hojitas, de las que eran redondas y
más ovaladitas.
Un día asoleado, la hojita intrigada se
preguntó:
- ¿Qué tanto he cambiado yo…?
Ya no era la misma cuando en primavera
brotó pequeñita de una ramita. Los días han pasado y se había estirado. Como
tú, cuando extiendes y alargas tus brazos y piernas sobre la cama…
- ¡Qué delicia!, ¿verdad…?
Se había puesto verde y brillosa, siempre
contenta y vanidosa… y el viento la mecía; de aquí para allá y de allá para
acá.
Pronto llegó el verano con días más largos
y con calor. Cuando llovía las gotitas de agua y la luz del sol, formaban
curvas multicolores.
- ¡Es arco iris!-, decía con emoción.
Acabó el verano y el otoño se presentó.
Había menos luz…, noches más largas, frescas y frías; entonces la hojita
reconoció:
- ¡Ya no estoy toda verde, como antes
fui!, se decía para sí; y qué pena me da, porque a los pájaros menos escucharé
cantar.
Estaba cambiando, pero no sólo ella, las
otras hojitas también. Se puso rojita, después amarilla y al final…, de color
café. Ahora rabito tenía pocas fuerzas, pronto del árbol la iba a soltar.
A volar…, despacito a volar…, y al suelo
ir a dar.
Pero, ¿qué va a pasar…?
Que en el invierno…,
la hojita y la tierra…,
la hojita y la tierra…,
¡Vamos!, dilo tú, te toca terminar.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario