María Rico: San Luis llora

 

San Luis llora

 

María Rico

 

Hoy gemí, lloré. Por mis calles brotó agua salada de muchos ojos y empapó los adoquines. Los ciudadanos salieron de sus casas a hermanarse en plazas, avenidas y jardines para compartir la pérdida, para rendir tributo, para mostrar respeto por un gran potosino que ha muerto. Me estremezco al ver como ríos de hombres y mujeres fluyen de todos los puntos cardinales con un sólo grito ¡Nava vive, la lucha sigue!, con un solo destino, el cementerio del Saucito. Escucho la ópera de Nabucodonosor, con dificultad mi corazón controla su latir como un reloj descompuesto que acelera el ritmo o lo detiene, después, a una sola voz en el caminar luctuoso, el Himno Nacional cimbra la cantera de mis torres y edificios. Flores blancas cual palomas vuelan hacia el féretro: nardos, claveles, rosas, azucenas; son demostraciones de amor- dolor- admiración nunca antes vividas en los siglos que recuerdo, no hay necesidad de plañideras, como lo era el Doctor las lágrimas brotan libres, auténticas. El cortejo no tiene fin, en él marchando juntos, codo a codo, brazo a brazo encumbrados políticos nacionales y obreros, trabajadores de la construcción, profesionistas, universitarios, amas de casa, ancianos; el pueblo de San Luis Potosí. Carranza, Reforma, Damián Carmona, Fray Diego de la Magdalena se han vestido de luto, puertas y ventanas abiertas, manos alzadas, aplausos, pañuelos agitados. El féretro en hombros, siempre en hombros llega a su destino, repiques de campana, el Saucito lo recibe con honores como recibe a los grandes, a los íntegros, a los que como para él, la muerte es sólo un estado pasajero porque Nava vive en la historia, en la democracia de México y en mi corazón como uno más de mis hijos ilustres.

¡Gracias Salvador Nava Martínez!





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