Frine Hernández: Se hizo el silencio

Tosigo diminuto que nos arrodillo, ante el confinamiento escuchamos un silencio inusual, mismo que al unísono nos hizo cantar ante una hecatombe compartida por la humanidad.

 

Atenazados por la pandemia, atrapados en un cenagoso malestar, más que nunca por nuestras puertas y ventanas entro campante la fragilidad. Aun con miedo y estupor asirnos del arte y la naturaleza fue nuestra salvación.

 

En el mutismo escuchamos sonidos tan nítidos…el trinar de las aves, el murmullo de los árboles y el viento, el golpeteo de la lluvia, nieve.

 

Como Fonchito1 la luna pudimos bajar y las estrellas tocar.

 

En ese reposo que al planeta le dimos los animales volvieron a ocupar su hogar en las aguas y en las tierras que el humano les ha vedado desde tiempo atrás. Los famosos delfines que cantaron y bailaron en los canales de Venecia en aguas de cristal, en esa quietud de una ciudad atrapada siempre por el bullicio del turismo mundial.

 

La gente se aferró a los libros, avizoró otros mundos y vidas posibles. La música irradio paz. Pero si hay un lugar por donde nuestra vulnerabilidad puede caminar es la poesía que nos permite crear imágenes para sanar. Poesía antídoto contra la desesperanza. “Islas y Puertos” sin duda aserto salvador.

 

Cuando volvimos a la “normalidad” y los animales al confinamiento una vez más quedo claro que el principal depredador es el hombre y no dará marcha atrás. Parece que no aprendimos nada.






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