Luis Rosillo: La chiva

 

Por sus venas corría sangre de poeta. Su padre era un destacado profesor de música que, aparte de tocar varios instrumentos musicales, escribía bellas canciones. Como hija primogénita era admiración para sus hermanos, paz para su madre y un reflejo para su padre. A finales de noviembre muy temprano, su padre la llevó a la estación del tren, lo habían contratado para tocar en la ceremonia de Cristo Rey. Fué la primera vez que salió sola con su padre fuera del entorno familiar.

 

En la estación su padre caminaba cual estrella de cine; boleteros, barrenderos, maleteros y hasta los vendedores de dulces lo saludaban con mucho respeto. -Maestro buenos días, que gusto saludarlo- le decían quitándose el sobrero. Orgullo y un poco de celos era lo que ella sentía.

 

Por la tarde, ya en el tren camino a Silao, su padre sacó la guitarra y comenzó a cantar, todos los pasajeros lo rodearon, cantaban,

 

aplaudían y le pedían una que otra canción. Ella se sentía feliz.

 

El viaje de Dolores Hidalgo a San Diego de la Unión a casa de los abuelos no fue ten placentero, el camión era “pollero”, viajaban en el un montón de personas con animales, desde gallinas, palomas, patos, pericos y hasta un cerdito. Pero lo peor era una chiva gorda que ocupaba todo el ancho del pasillo. Como el camino era de tierra, en cada brinco los balidos de la chiva la dejaban aturdida. -Chiva apestosa- Pensaba-como le permiten viajar aquí-. Fue entonces cuando el camión se detuvo, se había estancado.

 

Todos bajaron del camión, primero la chiva, por supuesto. Y mientras los señores hacían maniobras para sacar el camión del atolladero, la chiva se recostó en la tierra y nació un chivito. Su odio hacia la chiva se convirtió en ternura.





No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Lourdes Olivia Vallejo Loredo: Leer

  Libros universos infinitos   que exaltan nuestras pasiones   Leer extiende las alas,   que me llevarán a volar,   Leer sur...