La guarida de Coco
Coco Guel
Soy
verdaderamente una guarida para mi dueña, no sé si ella me eligió, o yo ya la
esperaba, después de una gran búsqueda y por fin nos encontramos. Tengo los
requisitos que ella buscaba para ser una verdadera guarida para ella y sus dos
hijos, iniciando así, una nueva etapa en este mundo, mejorando su estilo de
vida, dejando atrás lo que causaba un surmenage o agotamiento y hacía daño a
todos.
Hizo
de mí, una casa inteligente, con todo lo necesario para que sus hijos de 8 y 10
años, se pudieran cuidar y atenderse solos, ser independientes mientras ella
trabajaba, aleccionándolos en respeto y cuidado a la casa.
Así,
llegó a mí: Una plancha que avisa cuando se le deja sola, un horno que se apaga
solo cuando ya está la comida, un circuito cerrado de televisión con interfono
para sentirse protegidos y grabar lo que pase, una alarma en la puerta de
acceso, un teléfono con grabadora, un gran chao chao que infunde respeto y
seguridad, mejor que un padre; y yo, en una privada con tres puertas para
llegar hasta ellos, una de ellas con rejas para pasar por ahí la comida que les
llevaba una señora. Aquí entre nos, la dueña les enseñó a mentir y frases para
no quedar en peligro.
Desde
entonces, las emociones siempre han sido positivas y se salpimentan con una que
otra discusión.
Demos
un paseo por mi cuerpo: dos recámaras, sala de entretenimiento, un cuarto de
estudio, sala - comedor, cocina, dos baños, patio jardín para el perro, patio
de lavado, un ático, hasta una terraza para ver los atardeceres y disfrutar los
almuerzos los domingos y una escalera tapizada de bellas fotografías y
postales, fieles testigos de grandes momentos.
Nos
complementamos, yo les doy las comodidades que requieren y ellos se encargan de
dar armonía a cada uno de mis espacios, además ¡Estoy enfengshuizada! Sí, tengo
un tratamiento de feng shui que me adorna con esferitas facetadas, espejos,
flores, inciensos, listones rojos, etc. aparte, por gusto de la dueña, adornos
que tienen que ver con Francia: cortinas, colecciones de Torres Eiffel con
diferentes usos, pantallas, etc.
Tengo
mis cinco sentidos a la altura de la familia que vive en mí: el gusto; es único
pues nadie ha probado los ricos hot cakes en forma de mancha, que nunca
salieron redondos, las enchiladas verdes que no tienen nada adentro, todo está
por fuera y ¡Ni pican! El olfato, porque predomina el olor a lavanda en
jabones, incienso, líquido limpiador, y más, como en los campos de lavanda de
Francia, que su aroma es relajante, ¡Según el feng shui! La vista; pues la
decoración no se parece a ninguna casa, no se siguen las modas, sino que cada
objeto es algo significativo y por donde se va pasando, trae recuerdos
hermosos. El tacto; los pocos que han entrado, tienen una sensación de buena
vibra y ¡No se quieren ir! El oído, se escuchan los sonidos del silencio, el
canto de los pájaros, las ramas que se mecen por el viento y el sonido que este
produce cuando bufa, queriendo escapar por la puerta de la escalera, una fuente
cantarina, cuando hay música, casi siempre es clásica o francesa.
Creo
que soy única y no hay nadie como yo, ni siquiera me puedo comparar con
inquilinos anteriores, porque fui para ellos, una guarida totalmente nueva,
pues antes era una gran casa que, al derrumbarla totalmente, se hizo una
privada de 4 casas. ¡Han hecho de mí, un verdadero hogar!

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