Testimonial
Érica Garay
Parece una evasión, pero es más que eso, mucho
más.
La ventisca no da tregua. Hace
frío, estoy agotada y aún falta lo peor. Catorce horas de recorrer caminos
fangosos y apartados para llegar y ahora no puedo concentrarme, el bullicio a
mi alrededor es insoportable. Los andenes están repletos de trabajadores y
estudiantes que regresan a casa. Debo subir al tren 960, ella estará en el
tercer vagón.
Me juego la vida. Bajo el
impermeable llevo las cartas de Germán, única prueba de que digo la verdad.
¿Qué pensará cuando lea lo que voy a entregarle? ¿Se irán las dudas, cambiará
su testimonio?
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