Soy la casa
José María Martínez Sánchez
Miro
pasar el tiempo, protejo familias, de vez en cuando renuevan mi deterioro,
sufrí filtraciones de agua en mi techo, lo que ensombreció mi vida una larga
temporada, en épocas de lluvia. Hace algunos años se compadecieron de mí,
resanaron mis grandes goteras e impermeabilizaron aquel cuerpo inanimado que
siempre ha cubierto y protegido habitaciones y paredes, también estas fueron
renovadas en sus colores, champagne y amarillo marrón, hoy lucen elegantes,
diáfanas.
Reconozco
el níveo color de mi piso, cuyos mosaicos lucen brillantes, aseados y pulidos.
Brillantez
que se extiende en pasillos, recamaras, cocina y sala comedor; mudos espacios,
callados guardan la claridad u oscuridad del engaño, la ceguera, amores y
desamores, intimas escenas y discusiones quedaron grabadas como voces e imágenes
en paredes y techos.
Silenciosos
lugares, hoy guardan calor, frialdad, dichas y amarguras de mis habitantes.
Las
esencias aromáticas de suculentos platillos preparados en la cocina son efluvio
fundamental que impregna muebles y cortinas de la sala comedor.
De
manera sencilla, no omito mi exterior donde se estacionan los vehículos, cuyo
ornamento natural, lo conforman plantas en sus maceteros que dan elegancia y
colorido cuando florecen.
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