Dios es azul
Lourdes Olivia Vallejo Loredo
Te observo ahora y me pierdo en esa profundidad
de tu rostro, tienes la máxima claridad en tu alma, eres puro, transparente. La
paz del azul vive en ti, con todas sus infinitas tonalidades, mostrando la
vasta riqueza que te conforma. Azul, inmenso y profundo, reflejo del cielo,
agua, sol y tierra, se unieron para dar paso a todos los seres, eres la fuente
en donde se gestó y emergió este infinito océano de estrellas, energía,
colores, vida y luz.
Te observo, sumergiéndome en la profundidad de
tu ser, siento tu presencia absoluta, imponente, escucho tu canto, constante,
aquietando con su vaivén incesante, los ecos de mis pensamientos, llevándome a
experimentar tu amor, de manera consciente.
Cierro los ojos, sueño que soy solo una de
miles de billones de gotas que te dan forma. Cuando estas alegre, fluyo
diáfana, contigo, bailando ese vals, que viene y va constantemente, reflejando
en tu superficie, al igual que mis hermanas, en diferentes intensidades, la luz
prístina del sol, infinitas estrellitas que iluminamos tus olas, creando un
espectáculo de luz y color. Llega el atardecer acompañado de la luna llena,
donde se atenúan las luces; otras veces, la luna nueva se esconde dejando solo
la noche, con su manto negro cubierto de estrellas, donde la nada se apodera de
todo, la oscuridad reina, quedando solo el sonido de tu voz. Entonces la mente
se detiene, otorgándome el perfecto momento para la introspección.
Algunas veces, el tamaño y estruendo de tu
oleaje me apabulla, me siento tan vulnerable, que no me atrevería a contradecir
la marea de tus emociones cambiantes, en esos momentos me percibo tan diminuta
¡Y el miedo se apodera de mi! ¡Contrayéndome! ¡Casi asfixiándome! para luego,
después de la tempestad, cuando retorna la calma, liberarme y fluir… Yendo a la
deriva, en constante vaivén…
En esta ilusión, me sueltas al aire, cayendo
rendida en la arena dorada… Entonces, me descubro distinta, ¡Todo es nuevo!
Diferente! Primero disfruto la experiencia, pero después, ¡Me siento perdida!
¡La mente me confunde con pensamientos cambiantes! ¡El sol me cubre, con su
calor abrazador, comienzo a diluirme y a secarme con el aire! Y cuando estoy a
punto de desaparecer, ¡Oh! ¡Mar! ¡Regresas por mi! arropándome con tu amorosa
espuma, y así, nuevamente, puedo surfear en la cresta de tus olas, hasta
deshacerme, volviendo a ser tú.
Una y otra vez, en mis sueños, regresé a
diferentes playas. En algunas ocasiones, no pudiste rescatarme…. ¡Me convertí
en vapor surcando las nubes! Viajé muy lejos, conocí tierras, montañas,
desiertos, lagos, glaciares y valles… Viví toda clase de experiencias,
inclemencias, alegrías y también pesares. Presencié bellísimos paisajes, en el
camino, me dejé llevar por extraños espejismos… Pero nadie como tú, porque eres
mi hogar, la fuente de donde partí. Siempre retorno a tu regazo, a este lugar
donde no existe el tiempo; llego a ti en forma de lluvia, me recibes con los
brazos abiertos, arropándome con tu amor.
Al igual que el Samsara, tu naturaleza está
hecha de ciclos constantes, que como espiral, van creciendo, abarcando nuevas
posibilidades; renaciendo en la más absoluta calma, bailando, creciendo y
floreciendo con cada atardecer, para expandirme, convirtiéndome en tormenta y
finalmente retornar a la quietud más sublime… Creando diversos escenarios,
pintándolos en nuevos lienzos, colores, formas y perspectivas. Siempre creando,
aprendiendo, evolucionando, transformando, recibiendo y entregando.
La mente me aísla, si se lo permito, pues me
hace creer que soy una de las más pequeñas de tus hijas, sola jamás podré
lograr nada, necesito de ti, sé que tú, al igual que yo, formas parte de las
incontables gotas que dan vida al infinito océano llamado universo… Todas
interactuamos, necesitándonos para mantener fluyendo, en perfecta armonía, la
energía de el cosmos. Desde lo más pequeño, hasta lo más grande, partiendo de
lo más denso a lo más sutil…
Al despertar de este sueño, decidí diluirme en
ti, dejar de ser gota, uniéndome al origen de todo, para de manera consciente
abrazar mi verdadera naturaleza, que es El Amor, y desde Él, expandirme
infinita, adquiriendo primero el poder de la ola y finalmente del océano mismo,
conectándome con otros mundos, otras dimensiones y constelaciones fusionándome
con el universo, bailando, danzando, recibiendo y entregándolo todo en completa
expansión.
Los límites quedaron atrás, solo existes Tú, mi
amado Señor.
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