Barri Gòtic
Mabel Ríos Graterol
En medio de la ciudad que crece más edificada,
diluyéndose hacia las afueras con sus empresas e industrias, me van dejando
arrinconado; aun así, mis estrechas calles, desordenadas, enrevesadas, son un
laberinto que reta al turista que se anima por curiosidad a recorrerlas,
alejándose de la abarrotada Rambla, cuando ve algunos de los hermosos arcos,
puentes, casas antiguas, quizá buscando alguna de las centenarias iglesias o
plazas que guardo celosamente.
Aunque de gótico, tengo poco,
esa denominación me vino al dedo para crear esa aura de misterio, despertando
la imaginación de muchos visitantes y de las nuevas generaciones españolas, que
crean un pasado mítico cuando se pierden entre un callejón y otro, sin tener
certezas de a donde los conducirán.
Quizá lo más sorprendente será
que encuentren los restos de mi fundación romana, cuando me llamaron Barcino,
trazando mi cardo y decumano que son las actuales calles Llibreteria - del Call
y Ciutat - Bisbe, que delatan mi historia desde hace más de dos mil años.
Por eso adentrarse en mis
entrañas lleva a un viaje en el tiempo, donde vendrán memorias de manos
artesanales, como la del pescador que hacía su barca con madera de pino, y en
un tronco encontró la imagen de la Virgen, que dio origen, a esa sí, muy gótica
iglesia.
Siendo el barrio más visitado
de la Ciutat Vella, porque me han atiborrado de restaurantes, cafés y muchos
comercios pintorescos; lo que más me emociona es cuando sorprendo al caminante
despreocupado, que andando sin mucha orientación, casi sin darse cuenta, llega
a mi borde sur y se tropieza con mi cristalino horizonte, abierto al mar.

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