Quinta Weisz Carrington
María Rico
Los tres comparten la peana, saben que estarán
juntos y estáticos hasta que los relojes no tengan más horas que contar. Pablo
con el asombro en los ojos pregunta _¿Dónde está mi otra mitad?, no hay
respuesta, tampoco la espera, inmediatamente se dice _lo bueno que tengo mis
manos para acomodarme el sombrero cada vez que sople el viento, porque
cualquier ráfaga podría entrar en mi cabeza y secarme el pensamiento. Gabriel,
el hermano, está en el otro extremo de la peana, es un pájaro sin plumas con
una réplica pequeña de si mismo al final de su larga cola, se sostiene sólo en
una pata, con ello pretende demostrar su equilibrio emocional, la mirada al
lado opuesto de su hermano, no quiere verlo, opina que es un enano grotesco e
incompleto. La madre al frente, en medio de los hijos, no soporta que sean
verdes ¿cómo pudo escoger un padre verde?, ella tiene el color de la noche, sus
labios no se separan, son los ojos los que hablan, la proyectan: inteligente,
dominante, altiva, con la corona puesta como la reina que es.
Cada uno se creó, se modeló,
son su propia obra, decidieron estar juntos en este espacio de amor/odio al que
llamaron “Quinta Weisz-Carrington”.

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