Víctor Guevara: Entre mis paredes

 

Entre mis paredes

 

Víctor Guevara

 

¿Me ha olvidado? ¿Es que acaso me ha abandonado? Es lo que en distintos momentos me he preguntado. Después de ella y su partida nada ha sido igual. Mis paredes no se han cansado de llorar la ausencia de ustedes. En ocasiones los veo a ellos, vienen y van, pero no es lo mismo. No se quedan, solo vienen a asegurarse de que todo esté en orden, que nadie más haya entrado, pero no se quedan, como antes.

 

Ahora que te veo, es de gran alegría para todo mi ser. Añoro aquellos tiempos donde además de enojos, discusiones y una que otra tristeza, estaban las visitas de ustedes; ellas traían luz a mis paredes, los colores eran más fulgurantes, ese amarillo en lo interior que luego tornaba a un azul exterior, cobraban vida.

 

¿Recuerdas cómo corrías entre mis angostos pero largos corredores, con macetas y plantas en las orillas? ¿Cómo imaginabas mágicos reinos en cada una de mis recamaras? Su presencia también propiciaba alegría con las pláticas que se alargaban hasta muy entrada la noche en el comedor o incluso en una pequeña estancia que llamábamos la “cocinita”. Después, tú tenías que partir con la ilusión de regresar lo más temprano posible al día siguiente. Sabía que aún tienes frescas aquellas hermosas memorias. No eres al único que vi crecer, que vi reír, ni al único que extraño, pero hoy te tengo frente a mí, no sé si solo pasabas por esta desolada calle o querías recordarte en edades anteriores. No importa, estás aquí.

 

Ahora las cosas son distintas, lo sé, no te reprocho, solo trato de expresarme contigo. Ambos tenemos nuevas responsabilidades, nuevas actividades y ahora yo resguardo a nuevos habitantes, pero apenas comienzo a conocerlos, y es muy temprano para extrañarles.

 

Hay que aprovechar su ausencia, ellos llegarán hasta el anochecer, entonces aún hay tiempo, pasa, mis puertas para ti siempre están abiertas. Camina, recorre, rememora, ve hasta la cocina, toma una taza, de esas precisamente, de aquellas que recuerdas (aún las conservo), prepara un café y ve bebiendo lentamente para vivir de nuevo lo que ya has vivido y para compartirte cosas que aún no te he platicado. Será nuestro secreto, y quedará entre mis paredes.







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