Verónica Anaya: Hasta luego

 

Mari, quita lo que queda. Me marcho y no pienso regresar. Dejo mis zapatos, mi toalla, mis rosas.

 

Me hubiera gustado que fuera diferente. Lo intente de verdad, pero el olor de tú fragancia no se lava de mi cama. No puedo con la sombra de tu recuerdo, Mariquita.

Volteo, miro tú reflejo en la ventana. Se que me echarás de menos, pero necesito encontrar un lugar donde mi rostro no sea igual al suyo.





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