Dos artes se conectan, la pintura de Antonio de
Torre nos narra pasajes de la vida y la mística de San Francisco de Asís. Por
encargo del convento de San Francisco en San Luis Potosí realiza un conjunto de
pinturas del estilo Barroco Novo Hispano.
No traicionando los principios de dicho estilo
las pinturas instruyen sobre la vida de su patrono y los orígenes de la orden
mendicante. Se respira en la obra un personaje efectista y aparatoso.
San Francisco frente al Cristo de San Damián,
recibe la orden de reparar la iglesia que estaba en ruinas… ¿estaba? Es así
como contribuye a la renovación de la iglesia ante la decadencia en la edad
media.
Calavera que conjura contra el mundo y los
bienes materiales, abraza la pobreza como fundamento de su orden aun cuando su
origen es de clase acomodada, San Francisco renuncia a sus bienes. Recargada y
llena de martirio para aumentar el asombro y devoción de sus fieles porque
precisamente esa es la intención.
La muerte de San Francisco sumergido en un
abismo de luz desprendiese el alma de su carne y le vieron subir al cielo entre
muchas aguas. El color predomina sobre el dibujo, se siente el ansia del
ambiente a través de la luz y las sombras también conocida como claroscuro.
Es innegable como la pintura Barroca refleja la
importancia de la religión en los países católicos, como innegable es el arte y
su intersección. Literatura y pintura son complementarias, palabra sucesiva
pintura simultánea.
Tanto nos humaniza el arte como nos humaniza la
congruencia de seres que han pasado por este mundo dando ejemplo de libertad ante
el desapego de los bienes materiales y respeto por la naturaleza.
Sin duda uno de los Santos más queridos.

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