Al sentarme en esa silla tuve el presentimiento
que todo cambiaría, sería otra, renacería, sentí en la piel una metamorfosis
anticipada, la ilusión nacía en mí como si fuera un brote nuevo de un rosal.
Acababa de denunciar la violencia sufrida y obtuve una orden de restricción,
ahora esperaba la entrevista de lo que tanto había imaginado, trabajar en esta
empresa, extrañamente sentía una gran seguridad, no sólo en que obtendría el
puesto sino en mí, en mi valía. En nombre del amor me había permitido hacerme
pequeñita, insignificante. Ya no, nunca más.

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