María Rico: La boda

 

Manuela era empleada en la tienda de ropa de mis padres, empezó a trabajar con ellos cuando tenía 20 años, era muy servicial, trataba con mucha amabilidad a los clientes, siempre mantenía la mercancía ordenada, por su buen desempeño se fue ganando el aprecio de mis padres.

 

Ella era de una comunidad cercana a la capital, iba y venía todos los días, para ello tomaba un autobús que hacía hora y media de camino, en las noches su novio, que era de la misma comunidad, pasaba por ella y regresaban juntos.

 

En febrero cuando Manuela cumplió 24 años, Miguel, su novio, le pidió matrimonio y ella aceptó, fijaron la fecha para diciembre del mismo año, ella habló con mis padres y les dijo que se iba a casar, que Miguel y ella se querían mucho, que sólo trabajaría hasta septiembre para dedicarse el resto del tiempo a los preparativos, además los invitó como padrinos

 

de velación, ellos aceptaron con mucho gusto, de verdad habían llegado a estimarla.

 

Los meses pasaron y tal como había dicho trabajó hasta el último día de septiembre. La boda sería el 8 de diciembre a la 1:00 de la tarde en la Iglesia de la Inmaculada en “La Labor”, se llegó la fecha, mis padres me pidieron que los acompañara a la boda, así que ahí estábamos un poco antes de la hora afuera de la iglesia, vimos llegar al novio con sus papás, poco después, la novia con los suyos, nos extrañó ver al papá en silla de ruedas, pero muy bien vestido con un traje negro y sombrero de ala ancha, la mamá también de negro, se veía muy bien, la novia lucía radiante con su hermoso vestido blanco.

 

A la 1:00 en punto salió el Padre con el monaguillo a recibir al cortejo nupcial, entraron a la iglesia siguiendo al padre: el novio con su mamá, el papá del novio con la mamá de la novia, los padrinos de velación, anillos, arras y lazo, las damas de honor y al final Manuela tomada de la mano de su papá, quien era conducido por Lucas, su hijo mayor. En el altar estaba ya el novio esperando a la novia que fue entregada por su papá, todos tomaron su lugar e inició la ceremonia, daba la impresión que el Padre quería terminar rápido la misa, la homilía fue breve incluso el ritual del matrimonio, se entregaron los símbolos y continuó la

 

ceremonia hasta que el Padre dio la bendición. Al salir de la iglesia los novios recibieron la lluvia de arroz y las felicitaciones de sus amigos y familia.

 

La fiesta sería en la huerta de los papás de la novia, así que toda la concurrencia nos trasladamos ahí, el lugar era bastante grande, había una mesa de honor que estaba destinada para los novios y sus padres y otras muchas mesas alrededor, escogimos una mesa bajo la gran sombra de un árbol. Los novios se veían felices, era su gran día y se notaba que lo estaban disfrutando de maravilla.

 

Después de la comida, los novios abrieron el baile amenizado por una banda de música, unos minutos después había ya muchas parejas bailando, se sentía el ambiente alegre, festivo. A media tarde mis padres decidieron que era hora de retirarnos primero nos despedimos de los novios que no paraban de bailar y luego de sus papás, el hermano y la mamá de Manuela nos agradecieron y nos despidieron, la señora se acercó a mi mamá y casi le dijo al oído _Disculpe si mi marido no los despidió, a lo mejor lo vieron un poco raro, fíjese que ayer amaneció muerto, como estaba enfermo del corazón, yo creo le dio un ataque o quien sabe que le pasaría, imagínese que ocurrencia morirse un día antes de la boda de su hija, ella luego, luego me dijo que quería que su

 

papá estuviera en su casamiento, que ya después haríamos el velorio, así que mis hijos se las ingeniaron hoy en la mañana para mantenerlo sentado, le pusieron unos alambres abajo del traje para que esté derecho, ¿usted cree?. Ay luego les avisamos del velorio por si gustan acompañarnos.

 

Después de escuchar y despedirse de la señora noté a mi mamá pálida y nerviosa, nos subimos al carro para regresar a San Luis, apenas arrancamos nos platicó que el señor estaba muerto, los tres nos sentimos muy mal, pensar que Lucas le sostuvo la mano para que se despidiera de nosotros.





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