Frine Hernández: Retazos de infancia

 

Retazos de infancia

 

Frine Hernández Torres

 

“Hay recuerdos que no palidecen”

 

 

En mi memoria

pertrecho de recuerdos.

labor que se recrea

como acolchado de retazos.

 

Retazos de texturas

todo era posible

más yo no lo sabía

infancia, marca indeleble.

 

Que alegría, alegrar la luna

canta

Luna, lunera cascabelera.

 

¿Cómo no amar a las luciérnagas

si en noches oscuras

a su brillo me acogí?

 

La muerte es distante

en las lápidas jugué.

La osadía es un torbellino

a las tejas me trepé.

 

La vida flota o sucumbe

cual barco de papel

y ¿los objetos?

fueron vida y no oropel.

 

Así la infancia

con sus claroscuros

Cuando se entiende

ya fue.





 

Frine Hernández: Romance de Dido y Eneas

 

Romance de Dido y Eneas

 

Frine Hernández Torres

 

Eneas surca bravos mares

El navío se escucha crujir

Cielo y mar le engullen

Parece a punto de morir.

 

Dido Reina de Cártago

Las primicias no esperan:

El mar escupió náufragos,

Se divisan las hogueras.

 

Eros hace de las suyas.

Conocido Dios del amor

Trama y urdimbre es Eros

Su fuego es arrasador.

 

Eneas y Dido son fuego

El deseo está al acecho

Envueltos en llamaradas

Todo lugar es su lecho.

 

Quimera es este amor

Su imperio busca fundar

Padre de Roma el será

Al río Tíber debe llegar.

 

Dido está destrozada

Cortar amarras es partir

Viento que todo se lleva

Amor difícil de asir.

 

Dido, ¿si escuchas? Responde

Dido la daga se clavó

Botín de guerra no será

Eneas su imperio fundó.





 

Frine Hernández: Ciudad Satélite

 

Ciudad Satélite

 

Frine Hernández Torres

 

Satélite que gira

distante del eje

promesa incumplida

remedo de la urbe

 

Hacinada en la orilla

engullida por el lobo

ésta se reviste

de casa dormitorio

 

El camino es difuso,

movilidad que consume

el tiempo se hace humo,

se inhala lobreguez

 

Ciudad que no pide

un satélite azul

todo lo que quiere es,

un espacio de luz.






 

Érica Garay: Tal para cual

 

Tal para cual

 

Érica Garay

 

Polisemio no era feliz, acarreaba su tristeza por todos lados. Cuando llegaba parecía que se ocultaba el sol. Pobre hombre, siempre melancólico. Cargaba su angustia desde hacía mucho tiempo.

 

En la secundaria, cuando le dio por usar las palabras como si fueran cosa suya, a todos pareció muy rara su manera de preguntar: ¿Sabían que la voz cátedra puede significar nueve cosas diferentes? ¿Habías notado que errar suele ser un error, desacierto, equivocación o yerro? Empezaron a dejar que hablara solo, pero eso no lo entristeció.

 

Tampoco fue la manera en que encontró un sobrenombre. Estaba en primero de primaria y todavía le llamaban Policarpio, como dice la boleta de bautizo. La primera vez que utilizó un diccionario fue tal su emoción que olvidó salir al sanitario y mojó sus pantalones. Todos se reían de él: ¡Poli se mio! ¡Poli se mio! Además de pedir a los burlones un par de planas de “se dice meó”, su maestra dijo que Polisemio era un nombre adecuado para alguien que gustaba de las palabras y que era tan listo como él. A Policarpio le pareció genial y empezó a firmar como Polisemio. No, eso no le causó ni pizca de tristeza.

 

Polisemio amaba el lenguaje, leía con fruicción y paladeaba las palabras hasta encontrar en cada una su propio sabor. Ese truhán, mentecato, granuja, pícaro y bellaco no merece hablar en castellano, se lamentaba al oír alguien malhablado. Señora, me ha dado un empellón, se quejó en el camión que lo llevaba a la oficina. Es lo que quisieras, pelado, seguido de un golpe propinado con una bolsa que parecía de hierro, fue lo que obtuvo por respuesta. Qué estulticia la del Presidente; tanta mentecatada, tanto dislate y memez, abruman, comentó en la reunión familiar un domingo. Nadie entendió lo que dijo y pasaba lo mismo frecuentemente. Que muy pocos supieran el significado de fárrago, ósculo o desbarrar, le ponía enfermo. De ahí brotaba su amargura.

 

Después de ser maestro de literatura, bibliotecario municipal y cuentacuentos en la plaza, consiguió empleo de cartero, modo más eficiente de llevar sus queridas palabras a muchas personas. Cartas inmaculadas, mensajes misteriosos, paquetes estrambóticos, llegaban a manos del destinatario envueltos en el amor de Polisemio. Entre más grande el sobre, más entusiasmo ponía al entregarlo. Y fue así que le encomendaron entregar un paquete cubierto de papel de seda; como era translúcido podía verse el contenido: un diccionario de sinónimos. Polisemio se sorprendió, no era común enviar diccionarios por correo y menos envueltos de manera tan delicada. Se fijó en el remitente: Ana D. Y en un arrebato de curiosidad, subió a la bicicleta amarilla del reparto y voló hacia la dirección anotada en la etiqueta.

 

Tocó la puerta, adornada con un maravilloso cartel que decía: Clases de gramática. Una mujer joven, que parecía un ave pequeñita, fue quien abrió. Diga, manifieste, declare, recite qué es lo que se le ofrece, formuló cuando lo vio. Polisemio, al escucharla, sintió que algo parecido a la corriente eléctrica atravesaba, cruzaba, traspasaba y recorría su cuerpo; al entregar el diccionario, sólo pudo murmurar: su paquete fue devuelto, no hubo quién lo recibiera. La mujer miró con tristeza (al paquete, no a Polisemio), y en voz aún más baja que la del sorprendido cartero, susurró: es por demás, te quedarás conmigo. Y con la mano desocupada arrancó el anuncio de las lecciones de gramática. Al notar que Polisemio miraba con ojos de plato, explicó: ayer renuncié a mi puesto de profesora de gramática, seré bibliotecaria en el Ayuntamiento.

Policarpio sonrió de oreja a oreja. Tal vez si…

Sí, tal vez.








 

María Rico: Tus manos

 

Tus manos

 

María Rico

 

Siento tus manos, Madre

tus manos blancas que acarician mi mejilla

manos cuna, amorosas

engalanadas de rubíes y aguamarina.

 

Siento tus manos, Madre

envolviendo las mías para vencer el miedo,

arropándome de madrugada

con tibieza, con cariño

 

Veo tus manos, Madre

finas, delicadas, coronadas de pequeñas rosas

juntas, orando por mi vida.

 

Veo tus manos, Madre

sosteniendo a mi hija recién nacida

serenando el llanto de mi hijo.

 

Veo y siento tus manos, Madre

aquí, conmigo, un día y otro día

respiro su esencia

aunque se hayan convertido en alas

para volar al infinito.





José María Martínez Sánchez: A mi caballo

 

A mi caballo

 

José María Martínez Sánchez

 

Conejo tu nombre, eres

corcel, rojo tu pelambre,

raudo, veloz como flecha,

de infancia bello recuerdo.

 

Bonita estampa, de crines

oscuras sobre tu cuello

sinfonía tu galope

al pisar, bello chasquido.

 

Corre caballito corre.

El viento mi piel arrulla.

 

Cuatro albo, andar precioso,

duros tus cascos calzados,

de acero tus herraduras.

 

Corre caballito corre.

Siento tristeza, dolor,

amargura, melancólica

mirada, grandes luceros

implorando mi consuelo,

muermo maldito de mortal

final, tránsito de vida,

dulce recuerdo, despojos

inertes, ojos dormidos.

 

Llanto y sollozos derramo,

mi niñez lindo regalo

nostalgia, lagrimas, amor.

 

Corre caballito corre.

Corre caballito corre.





 

Ana Manrique: Recorrido (sin final)

 

Recorrido (sin final)

 

Ana Manrique

 

Peregrina de la vida,

me detengo en el cruce

y elijo el camino seguro

sin sobresaltos

 

idea de haber llegado,

sueños que declinan

¡el sendero es un círculo!

 

luminosidad que me ciega,

me hiela,

sabor a desierto.

 

Torbellino me sacude

inquietos vientos

maraña lista para ser arrancada

tierra para acrisolar

espiral sin fin.

 

Tiempo de explorar,

¿a tiempo para lo inesperado?

¿dispuesta para andar el camino desconocido?

sin certezas que me sostengan

y dejar rastro del viaje.





 

Ana Manrique: Maternidad

 

Maternidad

 

Ana Manrique

 

Un hijo, por tierno y dulce que fuera,

siempre representaría un límite a su libertad

Guadalupe Nettel

 

 

Furtiva colisión

casi, casi lujuriosa

deseo eufórico

entrega de cuerpos

.

Ese momento mágico,

ahora es lejano

 

Se avecina una tempestad

mi madre llora

sola, desesperada.

 

Aquí estoy madre, viva

me ocuparé de tu felicidad.

 

Aprende a amarme,

háblame de ti

de tus fantasías y esperanzas.

 

Inquietud de mujer aparece

vuelves a la caza de una ilusión

madre ¿no soy suficiente?

te amo, te necesito.

 

¿Por qué te distancias, madre?

has cambiado,

no te puedo robar más una sonrisa.

 

Te alejas,

me abandonas.

 

Adiós, madre

gracias por la vida,

ahora voy al encuentro

de mi última morada.





 

Ana Manrique: Escurridizo

 

Escurridizo

 

Ana Manrique

 

Apresurado tiempo

me deslizo por la enorme resbaladilla

con mi hermano en el carril contiguo

 

sentir el viento en la cara

y la presión en la entraña

 

Trepada en el columpio

me balanceo hasta tocar el infinito

 

Descubro la infancia

piedra preciosa de colores

y figuras discrepantes

me envuelven como remolino en el tiempo

 

La mirada del niño

destapa el momento sereno

inquietante

disfrute de cada gota de vida

 

Con cada paso

veo su arrojo curioso que lo coloca en riesgo

por más de una ocasión

 

Percibo

el miedo, cuando detrás de esa puerta

imagina al peor monstruo

la esperanza, porque se cumplan las promesas

 

Infancia vida de venturas y desventuras

subsistencia de dolor por los sueños rotos

el abandono, el ultraje

insaciable búsqueda por comprender

 

Le hubiera gustado elegir su propia historia

 

pero el tiempo se escapa

 

sin remedio





 

Ana Manrique: En la poesía

 

En la poesía

 

Ana Manrique

 

Descubro la tibieza del abrazo

la indiferencia de la mirada

 

conmigo y sin mí

juegan las palabras

 

lógica distante

loca marcha

 

entretejido de risas

destejido de llantos

 

así en la poesía









 

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