Todos sus esfuerzos eran infructuosos frente al
musculoso de Raúl. Tomaba todo lo que le recomendaban para aumentar músculo,
pero no podía llegar al nivel de aquél. Le daba tanta envidia que buscaba la
manera de ganarle a Raúl los aparatos de gimnasio que veía que quería usar.
Apenas si lo saludaba, pero no dejaba de mirarlo con cierto grado de enojo, porque
ansiaba tener un cuerpo tan bien formado y musculoso.
Y ahora ahí estaba, en el bar donde cada
viernes se reunía con amigos. Entre pláticas, cerveza y risas sintió como Raúl
lo observaba desde lejos.
Mmmm… pensó; Ahora viene a presumir aquí, lo
voy a ignorar. Pero nunca falta el metiche que en todo está. “Invítalo a
nuestra mesa, se ve que lo conoces y está solo”. Le hice una seña para
saludarlo y lo invité a que nos acompañaran y… aceptó, no tardó ni medio minuto
para integrarse a la plática.
Al día siguiente en el gimnasio me agradeció,
me dijo que había pasado una noche muy agradable … ahora son amigos de gimnasio
y del bar de los viernes.

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