Frine Hernández: Parquímetro

 

Despeinada por el viento, rodeada del verde vida, con ese sosiego que prodigan la ligereza de las aves y pum una mariposa amarilla hace que levite para acuñar en mi memoria pequeñas reflexiones de las monedas que semana tras semana tengo el cuidado de reunir para enfrentar al parquímetro y la vida misma.

 

Las caras de la moneda como los caminos se bifurcan en muchas y diferentes direcciones.

 

Como medio de cambio para satisfacer necesidades. Intercambiar cereales, conchitas, objetos de arcilla y en el caso de nuestros antepasados el cacao, etc. Superar complicaciones para llegar a acuerdos justos y honorables, el contacto personal que implica saludos o reverencias, miradas directas, miradas que si son.

 

La dificultad del trueque hace que aparezcan los lingotes de oro en Mesopotamia. Las primeras monedas como tales surgen en Anatolia actual región de Turquía.

 

Hoy lo digital nos alcanzó, facilidad que complica, que me reduce a una aplicación.

 

Cada país o continente lucha porque su moneda cuente, se devalúan al más mínimo viento de la moneda del billete verde. Dicen que un tipo de cambio favorable y poderoso arruinan la imaginación.

 

Muy oronda digo que no compra la felicidad, pero bien que da tranquilidad. Quiero pensar que la pecunia aún no puede comprar: el sol, la luna, las estrellas o el mar.

 

Fue un buen día, un día de no hacer vida liquida.





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