De repente, todo se hizo añicos. Empezó con el
cabello; un día dejó de tener sol. En mis manos reconocí la caída del orgullo y
dejé de ser hermosa. Dejé de ser hermosa el día que entraste en mí. Fue de
repente y en pausas, después rápido y doloroso. Ya no podía dejar de pensar en
ti y una angustia silenciosa se manifestó.
En mis sueños entrabas en otras personas y yo
cada día era más pequeña y ojerosa. ¿Tu ternura era sólo mía? ¿Tus manos sólo
yo las reconocía? Mi belleza se opacó al amarte sin piedad. Lo recuerdo bien…
…Fue de repente y en pausas.

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