Otra vez sin avisar. Se hace la aparecida.
Entra y se apodera de todo como si fuera suyo. Su presencia me desgracia el
ánimo y me quita color. ¡Exige tanto!
A todos lados va conmigo, me molesta su
silencio pero no hay manera de hacerla hablar. Quisiera saber que puedo darle a
cambio de que se vaya pronto.
Por las noches me siento a ver la tele y a
tomar un poco de café. El café es de lo pocos gustos que me doy. Han sido
tantos cambios de comidas que no recuerdo cuál es mi platillo favorito. Dese
que llego todo me sabe igual.
Mis amigas saben que está de regreso, le tienen
miedo, no saben si venir a visitarme o esperar a que se vaya.
Los días pasan, la visita es la reina, ella
manda. No hay nada más que hacer. No tengo fuerzas para echarla fuera. Estoy
cansada. Me duele el alma. Tengo días sin poder levantarme. Esta vez, la que se
va soy yo pero ella se viene conmigo. Mi cuerpo sin vida de nada le sirve.
Cierro mis ojos, descanso en paz.

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