Lourdes Olivia Vallejo Loredo: Leer

 

Libros universos infinitos

 

que exaltan nuestras pasiones

 

Leer extiende las alas,

 

que me llevarán a volar,

 

Leer surcando la vida

 

internándome en los corazones

 

Leer para descubrirme a mi misma,

 

comprender, aceptar y amar

 

Leer abre las puertas

 

a fundirme en la unidad.





Frine Hernández: Se hizo el silencio

Tosigo diminuto que nos arrodillo, ante el confinamiento escuchamos un silencio inusual, mismo que al unísono nos hizo cantar ante una hecatombe compartida por la humanidad.

 

Atenazados por la pandemia, atrapados en un cenagoso malestar, más que nunca por nuestras puertas y ventanas entro campante la fragilidad. Aun con miedo y estupor asirnos del arte y la naturaleza fue nuestra salvación.

 

En el mutismo escuchamos sonidos tan nítidos…el trinar de las aves, el murmullo de los árboles y el viento, el golpeteo de la lluvia, nieve.

 

Como Fonchito1 la luna pudimos bajar y las estrellas tocar.

 

En ese reposo que al planeta le dimos los animales volvieron a ocupar su hogar en las aguas y en las tierras que el humano les ha vedado desde tiempo atrás. Los famosos delfines que cantaron y bailaron en los canales de Venecia en aguas de cristal, en esa quietud de una ciudad atrapada siempre por el bullicio del turismo mundial.

 

La gente se aferró a los libros, avizoró otros mundos y vidas posibles. La música irradio paz. Pero si hay un lugar por donde nuestra vulnerabilidad puede caminar es la poesía que nos permite crear imágenes para sanar. Poesía antídoto contra la desesperanza. “Islas y Puertos” sin duda aserto salvador.

 

Cuando volvimos a la “normalidad” y los animales al confinamiento una vez más quedo claro que el principal depredador es el hombre y no dará marcha atrás. Parece que no aprendimos nada.






Mabel Ríos Graterol: La soledad

 

¡Cuánto temor provoca

 

la palabra soledad!

 

Me atrevo a pensar

 

que muchos la temen

 

sin siquiera conocerla

 

cómo un fantasma

 

que súbitamente

 

se apoderará de ellos

 

Otros yo la necesito

 

siquiera a ratos

 

Anhelo ese espacio

 

silencioso y calmo

 

para

 

escuchar me

 

pensar me

 

hablar me

 

sentir me

 

Aislarme por voluntad

 

Conectar conmigo

 

Separarme un poco

 

de los otros





Frine Hernández: San Francisco: Imagen y Palabra

 

Dos artes se conectan, la pintura de Antonio de Torre nos narra pasajes de la vida y la mística de San Francisco de Asís. Por encargo del convento de San Francisco en San Luis Potosí realiza un conjunto de pinturas del estilo Barroco Novo Hispano.

 

No traicionando los principios de dicho estilo las pinturas instruyen sobre la vida de su patrono y los orígenes de la orden mendicante. Se respira en la obra un personaje efectista y aparatoso.

 

San Francisco frente al Cristo de San Damián, recibe la orden de reparar la iglesia que estaba en ruinas… ¿estaba? Es así como contribuye a la renovación de la iglesia ante la decadencia en la edad media.

 

Calavera que conjura contra el mundo y los bienes materiales, abraza la pobreza como fundamento de su orden aun cuando su origen es de clase acomodada, San Francisco renuncia a sus bienes. Recargada y llena de martirio para aumentar el asombro y devoción de sus fieles porque precisamente esa es la intención.

 

La muerte de San Francisco sumergido en un abismo de luz desprendiese el alma de su carne y le vieron subir al cielo entre muchas aguas. El color predomina sobre el dibujo, se siente el ansia del ambiente a través de la luz y las sombras también conocida como claroscuro.

 

Es innegable como la pintura Barroca refleja la importancia de la religión en los países católicos, como innegable es el arte y su intersección. Literatura y pintura son complementarias, palabra sucesiva pintura simultánea.

 

Tanto nos humaniza el arte como nos humaniza la congruencia de seres que han pasado por este mundo dando ejemplo de libertad ante el desapego de los bienes materiales y respeto por la naturaleza.

 

Sin duda uno de los Santos más queridos.





Érica Garay: Vereda particular

 

Avanza despacio. Quiere llegar a la cima y continúa a pesar de sí mismo. Ya nadie tiene prisa y menos él. Lo que le ocupa es no caer al abismo que bordea el estrecho por donde avanza, a veces a trompicones. Y es que abajo todo es oscuridad. Le asusta pensar en la caída, pero le aterra lo que pueda encontrar allá, entre las sombras. Nunca saldría de ahí.

 

En su alforja lleva poco. Todo lo que pesa es difícil de cargar. Ya dejó mucho en el camino, a veces por voluntad propia, a veces porque alguien se lo arrebató. Trae a cuestas un peso más ligero. Casi nunca echa de menos lo perdido, aunque a veces lo cubre la melancolía y se conduele. Algunas cosas las acarreaba desde niño. Le aflige haberlas cargado inútilmente, pero también le entristece que se alejaran junto con su inocencia. Tal vez no necesite dejar más y llegue al final sin nuevas pérdidas.

 

Empieza a cansarse. Intuye que ya recorrió casi todo el camino. Reconoce el paso de los años cuando se observa en el reflejo de las charcas. Marcas profundas no sólo en la piel. Las cicatrices a veces no se notan. Su paso es menos firme; sus huellas, menos nítidas. Ahora se apuntala en lo que sabe para no volver a tropezar, pero a veces tropieza. Y cae. Aún le quedan leguas por andar, no sabe cuántas.

 

Su esperanza reside en que tal vez, y sólo tal vez, algún día llegará casi entero a la cumbre.





Verónica Anaya: La visitante

 

Otra vez sin avisar. Se hace la aparecida. Entra y se apodera de todo como si fuera suyo. Su presencia me desgracia el ánimo y me quita color. ¡Exige tanto!

 

A todos lados va conmigo, me molesta su silencio pero no hay manera de hacerla hablar. Quisiera saber que puedo darle a cambio de que se vaya pronto.

 

Por las noches me siento a ver la tele y a tomar un poco de café. El café es de lo pocos gustos que me doy. Han sido tantos cambios de comidas que no recuerdo cuál es mi platillo favorito. Dese que llego todo me sabe igual.

 

Mis amigas saben que está de regreso, le tienen miedo, no saben si venir a visitarme o esperar a que se vaya.

 

Los días pasan, la visita es la reina, ella manda. No hay nada más que hacer. No tengo fuerzas para echarla fuera. Estoy cansada. Me duele el alma. Tengo días sin poder levantarme. Esta vez, la que se va soy yo pero ella se viene conmigo. Mi cuerpo sin vida de nada le sirve.

 

Cierro mis ojos, descanso en paz.





Érica Garay: Privilegio

 

Nací y crecí en el centro del país. Aquí son comunes las hermosas iglesias de cantera y las arquerías que mitigan el brillante sol. Puedes recorrer calles adoquinadas o empedradas, jugar en los kioskos de los jardines públicos, visitar la Plaza de Armas con un algodón de azúcar en mano, estudiar en universidades públicas de gran calidad y, no menos importante, disfrutar del clima templado que solía ser normal en casi toda la región. Ése era el paisaje urbano, mi entorno particular. La primera vez que visité una ciudad con distintas características, me pareció que San Miguel de Allende y San Luis Potosí eran muchísimo más bonitas. Lo sigo pensando.

 

Cuando llegamos a la capital potosina, migrantes obligados por el trabajo de mi padre, la ciudad apenas tenía 100, 000 habitantes. No éramos tantos como ahora y las familias solían ocupar las mismas fincas por años; era más fácil conocer a tus vecinos. De ahí que cuando llevabas un nuevo amigo a casa, tus padres te hacían sonrojar al preguntarles: ¿y quiénes son tus papás?

 

Desde la capital potosina casi todo queda cerca. Ese “todo” englobaba la casa de mis abuelos en San Miguel o la de mis primos favoritos en Ciudad de México. Mi padre presumía que con sólo desplazarse en automóvil un par de horas, estarías en la capital de algún estado vecino: Guanajuato, Querétaro, Michoacán, Aguascalientes o Zacatecas. Casi cierto, era una exageración pues había que detenerse varias veces en el trayecto. Había que hacer pis o a mi papá se les antojaba la barbacoa de tal o cual lugar. El viaje se alargaba.

 

Ni qué decir de la forma de hablar, casi sin tonadita ni modismos. Escuchar gente de Tabasco (el taxista del Sitio Tequisquiapan), de Durango (la cuñada de mi tía) o de Veracruz (un niño que soltaba leperadas sin ton ni son cuando jugaba al fut), era todo un reto. No sabía de cachorones, de trocas ni de mairos; tampoco de moyotes, morochas ni anauaos. La riqueza de la lengua Española en todo su esplendor la conocí después. Qué maravilla estar en el centro de todo, hasta de los modismos.

 

Sí, considero un privilegio vivir en el centro del país.





Refugio Aguilera: Día del Libro 2024

 

Aprender a leer bien

 

se nos da, después de hablar

 

Leer mucha poesía

 

nos sensibiliza

 

Leer despacio y a solas

 

vaivén entre las olas

 

Leer para poder crecer

 

novela y cuento, es un deber

 

Rompe el hacer virtual

 

esta invitación, es textual.





Frine Hernández: Manifiesto de lectura

 

Palabras y humanidad son inseparables

 

sin ellas la belleza es inasible.

 

Leer mitos porque nos relatan

 

explicaciones del principio de la vida.

 

Leer para dudar

 

porque no hay certezas.

 

Leer poesía, su imagen crear

 

y a su ritmo bailar.

 

En los libros se encapsula el tiempo,

 

La memoria como pertrecho de recuerdos





Frine Hernández: Biografía

 

Apenas entrado el año 2024 ha tenido que someterse a un arraigo domiciliario, afectando mucho su ánimo. Ella no paraba se aferraba a una actividad sin tregua.

 

Proviene de la Ciudad de México, pero asentada hace ya un buen tiempo en la Ciudad de San Luis Potosí, como todo cambio tuvo que adaptarse a los nuevos usos y costumbres.

 

La zancadilla que le metió la vida le mostro la otra cara de la moneda: hacer altos en el camino. No todo está entre la gente, aquí no niega su origen; venir de una de las ciudades mas pobladas del planeta. Llegaron a sus oídos gritos silenciosos e intermitentes que en el ir y venir impetuoso se alió a la soberbia dando por hecho que podía tener todo bajo control e imponer su ritmo.

 

En dicha experiencia asimilo que no todo está en la algarabía de la calle, en la soledad acompañada. Poco a poco internalizo que debía dar espacio al silencio, la sana dependencia, al dolor, cuestionamiento. Palpó que el horizonte también se ensancha al revés, en lo pequeño en lo íntimo.

 

Recibió muchas muestras de cariño sobre todo aquellas que no esperaba. La palabra afable le viene bien irradia calidez y un trato que acaricia. Su talento para las letras es innegable, le gusta bailar con Lorca.

 

Ha salido de su confinamiento después de una larga convalecencia, con gusto regreso a sus actividades con un semblante más sereno. Con esos aprendizajes que dejan las caídas, se levantó y aprendió.





Lourdes Olivia Vallejo Loredo: Leer

  Libros universos infinitos   que exaltan nuestras pasiones   Leer extiende las alas,   que me llevarán a volar,   Leer sur...