María Esperanza Guerra: Aforismo 2

 

Aforismos 2

 

María Esperanza Guerra

 

Lo valioso no son las promesas, sino cumplirlas de verdad.

 

Cuando invitas no es la receta fabulosa, lo fabuloso es compartirla y degustarla en compañía.

 

Y si eres el invitado: los regalos que compras pueden ser costosos, pero tu tiempo, lo hecho por ti y corresponder vale más.

 

Después de haber bailado y trabajado juntos en el barco de la vida, si una pareja queda hasta el final, ha sido porque en las tormentas se han aferrado abrazados al mástil.

 

Unos cuando desembarcan arriban a grandes puertos, otros a sencillas playas de pescadores. A veces los que se encuentran lejos son los más cercanos, y los de cerca, más lejanos.





 

María Esperanza Guerra: Aforismos

 

Aforismos

 

María Esperanza Guerra

 

¿Crees que una buena condición física se compra en las tiendas? Mejor adquiérela gratis si caminas en el parque.

 

No hay una receta fabulosa, lo fabuloso es compartirla y degustarla en compañía.

 

Porqué te limitas en dar una raquítica moneda, si puedes obsequiar un jugoso billete.

 

Si ahora te lamentas de errar, recuerda con gozo cuando por tu esfuerzo algo ganaste.

 

Lo valioso no son las promesas, sino cumplirlas de verdad.

 

Lo que hace sobrevivir a una pareja no es sólo bailar calmaditas en la cubierta del barco de la vida, sino abrazarse fuerte del mástil en las tormentas.

 

Muchos quieren ser invitados, pero algunos nunca invitan.

 

A veces los de cerca son lejanos y los que se encuentran lejos son los más cercanos.

 

 

Los regalos que compras pueden ser valiosos, pero tu tiempo y lo hecho por ti vale más.





 

Antonieta Raya Zarco: Antonieta Raya Zarco

 

Antonieta Raya Zarco

 

Antonieta Raya Zarco

 

Navego mar de pescadores

colmadas redes estrellas vivas cautivas

inquietas saltan, anhelan vivir

no quieren morir.

 

Peces dorados vuelan bajo cielo naranja

azahares azules cubren bóveda celeste,

sutil aroma de luna creciente,

luz nieve se derrite indefensa

bajo azulado oriente.

 

La naturaleza gira

vertiginosa fuerza centrifuga

siento marea celeste

infinita velocidad siento

alcanzo lo inalcanzable.

 

Oscura morada arcana

ilumina lo velado.

 

Instante donde se funde

mar y firmamento

mi finito, tu infinito

lo divino.





 

Antonieta Raya Zarco: Aforismo

 

Aforismo

 

Antonieta Raya Zarco

 

La vida no es una caminata sencilla de recorrer, sino es viajar a lugares lejanos e interesantes. Será complicada la travesía, pero vale el esfuerzo, mientras más eleves el vuelo, más lejos llegas.

Al vivir sin preocupaciones, olvidas que este viaje es vuelo de desafiantes retos, valdrá la pena enfrentarlos. Si piensas experimentar probar vivencias nuevas, recuerda que lo importante es lo vivido.

No hay destino para existir, la existencia es destino.

¿Por qué ser feliz un instante, si puedes disfrutar al máximo todo lo que la vida te ofrece?

Entre más cambies rutas de navegación a lo largo de tu existencia, gozarás intensamente el paso por este planeta llamado tierra.





 

Antonieta Raya Zarco: Melena de Medusa

 

Melena de Medusa

 

Antonieta Raya Zarco

 

Su melena, como serpientes la de Medusa, posee ojos penetrantes como de águila, de mirada aguda, desprende lumbre roja al abrir sus fauces muestran afilados colmillos amarillos, delgados, semejantes a punzantes, dagas de hierro.

 

Su cuerpo musculoso, imponente, gallardo muestra sus alas extendidas de albatros, estás se despliegan majestuosas de sus costados, cubiertas de escamas semejantes a las de caimán; lanza ráfagas de humo y fuego.

 

De pelaje, turquesa, rayas multicolores se extienden sobre su lomo, brillan de noche, iluminan la más intensa oscuridad nocturna. Las patas delanteras largas, ligeras como de gacela, fuertes como roble, sostienen su regia estampa; en la pata izquierda trasera, se dibuja enorme tatuaje morado, simbolizando lo infinito. Sus garras esconden aguijones mortales de escorpión amarillo.

 

Posee el caminar sigiloso de serpiente, astuto como zorro, inteligente cual delfín y fuerte como toro.

 

Corazón de león solitario, elegante cual cisne, desafiante, combativo como guerrero, inmortal e invicto como dios griego.





 

Antonieta Raya Zarco: Intentó

 

Intentó

 

Antonieta Raya Zarco

 

Una tarde nublada de noviembre Amara salió de prisa, debía llegar al encuentro con su viejo amigo en el café de siempre.

 

Sin darse cuenta, se encontró ante un enorme socavón que se abría frente a ella en medio de una enorme plaza completamente vacía. Intentó esquivar la profunda grieta que se abría ante sus ojos.

 

Le fue imposible dejar de mirar semejante agujero, le atraía de manera fascinante como se reflejaba majestuosa la construcción sobre el espejo de agua que se formó por la lluvia.

 

Se acercó cautelosamente al inmenso hoyo, al asomarse, escuchó el gemido doloroso de alguien desesperado pedía auxilio, su lamento era como alma en pena que llevaba largo tiempo sufriendo. Miró a su alrededor, con desesperación observó la plaza hundida en un silencio sepulcral.

 

Para su sorpresa, al inclinarse, vio una mano empapada, crispada, sostenida desesperadamente de una de las orillas del cemento roto.

 

Su filosofía de vida le aconsejaba a no exponerse a tan evidente peligro, sin pensarlo, se arrodilló, intentó jalar con todas sus fuerzas la mano fría, resbaladiza, huesuda; tratando de ayudar a un desconocido que había caído en una trampa mortal.

 

Al agarrar la mano con todas sus fuerzas, no solo no pudo hacer nada, sino que, perdiendo el equilibrio, cayó de golpe dentro del oscuro pozo.

Se oyó el eco de dos lamentos que se perdían en el silencio de lo profundo.

 

¿Destino o imprudencia?





 

Hugo Herrera Chessal: Hombre sin destino

 

Hombre sin destino

 

Hugo Herrera Chessal

 

 

¿Es el destino o Dios, los que se encargan de moldear nuestra vida?

Es lo que a partir de la muerte de su padre, Isaac se preguntaba diariamente. Su padre había muerto de un infarto a una edad temprana. Isaac estaba incrédulo, ya que su padre no tenía vicios, ni algún padecimiento grave.

Él estaba muy deprimido y no tenía trabajo, ya que tuvo que pedir permiso a sus superiores para ausentarse por tiempo indefinido y poder

cuidar de su padre. Ese breve tiempo, tuvo que vivir de sus ahorros.

Ahora, todo le parecía oscuro e incierto. Sentía que Dios lo había abandonado o ¿acaso el destino era el responsable de esta tragedia?

Isaac no tardo en recordar las palabras de su abuelo. Este le había inculcado el amor por la vida. Aunque el ya no estuviera con su padre ni con él, Isaac tenía que seguir adelante y rehacer su vida.

Pasaron cinco años e Isaac recobró el ánimo y las ganas de vivir. Se casó y tuvo tres hijos. El destino se encargó de que entendiera que la vida solo es el camino hacia algo majestuoso y maravilloso.

De pronto, un día Isaac se miró al espejo y se vio calvo y lleno de arrugas. Enfermó gravemente y a las pocas semanas en su lecho de muerte, aun lado de su cama, se encontraban tres de sus nietos. Uno de ellos le preguntó cómo se sentía y él respondió con una sonrisa y recordó al instante las palabras que su abuelo le había dicho, e hizo lo mismo con su nieto.

De lo único que estaba seguro era que su espíritu permanecería en el corazón de su descendencia para la eternidad.





 

Mabel Ríos Graterol: Una terca travesía

 

Una terca travesía

 

Mabel Ríos Graterol

 

Pensaba que estaba segura si siempre recorría el mismo sendero para llegar a la banca frente al lago donde le gustaba sentarse a leer. Procuraba hacerlo aun en esos días en que sus obligaciones querían impedírselo, solo que este día, iba pensando en todo lo que tenía pendiente, no se dio cuenta que ya había caminado más tiempo de lo que normalmente le tomaba, y no había llegado al lago. Se detuvo a mirar, y no reconocía nada alrededor, ¿sería que se distrajo en algún paraje?, ¿quizás tomó un cruce errado?, decidió dar vuelta y regresar, pero ya nada de lo que veía alrededor le era conocido. No sabía dónde estaba, no podía creer lo que le estaba ocurriendo; ese trayecto era conocido ¿cómo pudo equivocarse? ¿qué le había sucedido? Entró en desespero, se sentía perdida, no sabía qué hacer, tendría que haber llegado a donde iba. Se sentó en el suelo, quería pensar, puso su cara entre sus manos para concentrarse, pero las lágrimas comenzaron a salir sin remedio, lloró desconsoladamente, lloró tanto que ya no sabía por qué lloraba, quizá por todo lo que no había llorado desde hace mucho. Tanto llanto pareció adormecerla, y al cabo de un rato, sintió como quien despierta de un sueño aletargado, y poco a poco levantaba la cabeza de sus manos aun húmedas, y trataba de abrir lentamente sus ojos, deseando estar en su casa y que todo aquello hubiera sido una pesadilla. Pero no, seguía sentada en el suelo en medio de un lugar desconocido. Entonces se dio cuenta que solo de ella dependía encontrar el camino; se levantó, secó su rostro con la manga de su blusa, sacudió su ropa; ya no quiso ir atrás, sabía que no le serviría de nada, miró adelante, ¿quizás se perdió porque aún no llegaba?, entre los árboles había un resplandor; decidió que ese era el camino que debía seguir.





Frine Hernández Torres: Vida y Orfandad

 

Vida y Orfandad

 

Frine Hernández Torres

 

No había necesidad de que ella despertara a los niños. El cacareo de las gallinas hacía esa labor.

Llegó a esa familia siendo muy joven. Vivía en la orfandad. Parecía que había encontrado su lugar en la vida junto a esos niños que llegaron a su tierra en la Sierra Norte de Puebla. Habitando un espacio que permitía tener aves de corral, maíz, hierbas y flores.

 

Ella era fresca, de mirada cándida, con manos ásperas de trabajo pero que se transformaban en suaves caricias. Su cuerpo pequeño toda una barrera de contención contra todo aquello que pudiera lastimar a los niños.

 

-Ya se sabe que también se conquista y se atrae por el estómago.

 

Huevos frescos, tortillas del maíz al comal, un exquisito mole poblano, o chiles en nogada que iban más allá del hambre, un agasajo al alma. Los niños lo sabían, ella gozaba.

Pasaba momentos en una especie de terraza junto a sus pequeños y sólo ahí se ensimismaba en sus pensamientos.

Tiempo después había que emigrar a otro estado y ni tarda ni perezosa partió con ellos. El tiempo siguió su curso con vientos y suaves brisas, nubarrones, tormentas, así tal cual, la vida.

Una mañana gris ya no estaba, aquellos que ya no eran niños la buscaron desesperadamente sin éxito. Tiempo después les dijo que se había ido a un convento. Una sola vez se encontraron y entre otras cosas ella les pidió encarecidamente que no la buscaran más. Fue como un balde de agua helada, se le respeto y agradeció tanto como se le amó.

Se fueron destrozados, pero con la esperanza de que una vez más encontraba su lugar.

Al tiempo del suicidio, solo se hacían preguntas:

¿Le falto un amor pasional? ¿Amistades? ¿Nunca supero la orfandad? ¿Y el convento? ¿Y los niños? ¿Qué es la vida?

Bañados en dolor se dijeron dos cosas: que valor suicidarse y justo donde está “prohibido”. No hay certezas, no nos pongamos cómodos.

No le hicieron exequias.





 

Hugo Herrera Chessal: Alebrije

 

Alebrije

 

Hugo Herrera Chessal

 

 

Vive en un desierto. Tiene cola de gato, alas de águila y sus cuatro patas son tan largas, como avestruz. Sus ojos son como los de un murciélago, tiene un cuerno de toro en medio de su cabeza y ésta es tan pequeña como la de un mono.

 

Ser de naturaleza ambigua y espeluznante. Habita en el desierto. Sus cuatro patas coinciden con el salvaje deseo de supervivencia. Su huida tan veloz como avestruz. Su cuerno logra sortear los ataques de sus depredadores. Sus ojos al acecho de su próxima víctima nocturna. Sus alas tan agiles que ninguna criatura le da alcance. Su cola como de gato engaña a su más víctima. Su cabeza de mono orquesta grandes huidas y cazas que ratifican su cercana experiencia con lo humano y lo bestial.





 

Víctor Guevara: Mar

 

Mar

 

Víctor Guevara

 

Heme aquí admirándote, contemplándote una vez más.

Al verte desde lo lejos, de inmediato, siento tu inmensidad

Nunca hemos sido cercanos

Olas que purifican,

Olas que al romperse llevan a un hipnótico trance,

es como una melodía magistral ejecutándose

que invitan en su infinito, a perderse.

 

Oh grandioso mar, testigo de mil historias,

comparte conmigo alguna de tus grandes glorias;

tus corrientes, como aves migratorias

recorren el mundo guardando memorias.





 

Víctor Guevara: Magia Lunar

 

Magia Lunar

 

Víctor Guevara

 

 

Oh Luna

que todo se descubra

bajo tu penumbra,

ahora canto conjuros

con rostro de ciervo

y el vino me bebo

para tu lenguaje interpretar

y tu voz escuchar.

 

El bastón que en serpiente convierto

con mis manos en el barro, el poder yo siento

mis pies se conectan con la tierra

vuelven a ser parte de ella

se enraizan, se alimentan,

manto de luz, manto de estrellas

que la magia no se desvanezca

la luna con su luz su poder refleja.

 

Es hora de la partida

no quiero que nada se detenga.

 

¿Seré digno de sentir tu gloria?

 

Luna llena, luna nueva, luna plata

el secreto alquímico devela

a tu hijo de regresa a su morada.

 

La receta del atole celestial requiero,

vertiendo sueños, pasión y amor

combinando voces de unicornios

con chocolate embrujado

con leche de luna y un poco de fe

reposado

bajo un manto estrellado.





 

Víctor Guevara: El caldero mágico y la puerta a otros mundos

 

El caldero mágico y la puerta a otros mundos

 

Víctor Guevara

 

Las cartas ya están echadas

el tarot lo ha predicho

la puerta mágica hoy se abrirá

el caldero ya está puesto.

 

La luna llena no tarda en develar

al otro reino hay que regresar

ahí libre se puede volar

sin alas por necesitar

 

Ahí no hay caídas que lamentar

ni lágrimas por derramar.





 

Víctor Guevara: La Barca

 

La Barca

 

Víctor Guevara

 

Es hora de partir

la barca espera por mi

es hora de a ella subir

los viajeros no pueden ya huir

hay que elegir

al ser emplumado o al cocodrilo seguir

y en el sendero incidir.





María Rico: Epitafio

 

Epitafio

 

María Rico

 

Ve las fotografías, las compara con minuciosidad, veinticinco años de diferencia; se notan en la calidad de las fotos, en los pixeles; la primera tomada por una cámara kodak 110 de rollo, que mandó revelar al regreso de Oaxaca, la actual, capturada por el celular hace dos semanas en su segunda visita a ese estado. En las dos aparece posando, recargada en el barandal que protege al Árbol del Tule. No pudo evitar agitarse, los recuerdos saturan su mente y saltan en el tiempo, sin embargo, siente un dejo de satisfacción y de orgullo, entre el disparo de la cámara y el click del celular logró cambiar radicalmente su vida.

En su mente, en su corazón, el eterno agradecimiento para su amigo, siempre a su lado, apoyándola, haciendo de espejo para que pudiera verse atada por sus propias cuerdas, con el esparadrapo en la boca que a voluntad se colocaba, le decía que no había carceleros ni verdugos, que puertas y ventanas se abrían a voluntad, a su voluntad, trataba de convencerla, sin éxito, que era una mujer inteligente, valiosa, merecedora de recibir lo bueno que la vida le daba. Este proceso más terapéutico que amistoso llevaba ya un largo tiempo. Una noche conversando en el café de siempre notó que por primera vez su amigo perdió la paciencia, se quedó callado viendo la taza para luego decir: estoy imaginando que dirá tu epitafio “Aquí yace la mujer que nunca se valoró y murió haciendo lo que los demás decidieron” la frase conforme él la pronunciaba se iba tatuando en su hipocampo”, la rabia la envolvió, no atinaba si era contra ella o contra su amigo, extraños hilillos recorrieron su cuerpo de pies a cabeza causándole una sensación muy molesta, sentía como si la estuvieran lavando por dentro, restregando cada espacio de su cuerpo con un cepillo de cerdas metálicas y saliera la mugre por los poros y por ahí mismo brotara a borbotones la rebeldía que había estado dormida hasta ese momento. Definitivamente no, no quería ese epitafio.

¡Abracadabra!

Esa noche empezó la metamorfosis, subió incontables escalones de todo tipo de escaleras dejando embarrados en los peldaños: miedos, rencores, dependencias, relaciones raídas, pedacitos de piel vieja. A veces creía que había dejado atrás su desmerecimiento, pero todavía no era del todo cierto, tuvo recaídas en donde recogía la dependencia que había desechado y suplicaba nuevamente amor, atenciones, o aceptaba relaciones machistas, dominantes, pero ahora, casi de inmediato se daba cuenta y rectificaba y se volvía a poner por delante, así una vez y otra, hasta que logró el dominio, hasta que su amor propio se impuso frente a cualquier deseo ajeno. Alguien la llamó feminista, otros; egoísta, ella se nombró simplemente “Mujer libre con alas”.

Por supuesto que las fotos reflejaban con exactitud a una mujer en dos versiones totalmente distintas, posando frente al Árbol del Tule. Miró otra vez el celular y sonrió, su rostro y el del árbol reflejaban satisfacción.





Lourdes Olivia Vallejo Loredo: Leer

  Libros universos infinitos   que exaltan nuestras pasiones   Leer extiende las alas,   que me llevarán a volar,   Leer sur...