Luis Rosillo: La foto

 

Por fin había llegado la niña tan añorada - después de seis varones-. Cuando nació, mamá estaba tan contenta como nunca antes la habíamos visto. No soltaba a la niña ni para dormir y eso, creo, termino por asfixiar a la bebé, pues a los 6 meses murió.

 Mi mamá estaba desolada (mi papá no tanto). Ese fue el inicio de todos sus padecimientos y falleció un año después.

 Cuando la niña murió, la vistieron de blanco con encajes y un gorro. La pusieron sobre la mesa del comedor y nos hicieron sentar a todos los hijos alrededor de la muerta con nuestras mejores galas. Llegó el fotógrafo y nos pidió que posáramos con una cara triste. Yo no podía porque lo que sentía era mas que nada frustración por obligarme a hacer algo que no quería. Y entonces vino el pellizco y mi cara cambió de me da igual a dolor.

Aún conservamos en la sala esa fotografía.





Verónica Anaya: Gaza

 

Sin raíces,

sin origen,

habitas en la orilla de la franja.

Descalza,

abusada,

sin fuerzas para gritar ¡ayuda!

 

Quieres irte

las fronteras están cerradas

Cubierta de cenizas

recorres los límites de tu existencia

Todos te quieren

pero nadie te protege

De tu rostro fértil

solo quedan escombros

 

Gaza,

tierra de nadie con raíces frágiles.

¿En qué te has convertido?





Verónica Anaya: Hasta luego

 

Mari, quita lo que queda. Me marcho y no pienso regresar. Dejo mis zapatos, mi toalla, mis rosas.

 

Me hubiera gustado que fuera diferente. Lo intente de verdad, pero el olor de tú fragancia no se lava de mi cama. No puedo con la sombra de tu recuerdo, Mariquita.

Volteo, miro tú reflejo en la ventana. Se que me echarás de menos, pero necesito encontrar un lugar donde mi rostro no sea igual al suyo.





Luis Rosillo: Los estigmas de San Francisco

 

En el Centro Cultural Universitario Caja Real se expone la obra del pintor Antonio de Torres sobre la vida de san Francisco de Asís. El convento de San Francisco de San Luis Potosí encargo al pintor Antonio de Torres un conjunto de pinturas sobre la vida de su patrono entre 1719 y 1722.

 

Al pasar a una de las salas me llamó poderosamente la atención una pintura que representa el momento en el que san Francisco recibió el don de los Estigmas de Jesús en sus manos, pies y costado. Y en la pintura aparece Jesús con unas “alas rojas”

 

Recordé que algunas iglesias consideran que Jesús es la encarnación del Arcángel Miguel, como los advenedistas del 7o día y los testigos de Jehova, pero la primera fue fundada aproximadamente en 1831 y la segunda en 1870.

 

Por un tiempo asistí a una organización que se llama fundación Angel Valenzuela, que es parte de algo que se conoce como la Gran Fraternidad Universal. Ahí decían que había 9 grados espirituales y que podías subir de grado en esta vida o en las siguientes reencarnaciones. Al llegar a grados altos podías reencarnar en un ángel, y que San Francisco llegó a la categoría de Serafín. Esta Fraternidad comienza en 1948.

 

Así que me puse a investigar sobre ese día en que Francisco recibió los estigmas; Fue en el Monte Alvernia donde se construyó ahí una pequeña celda. Llevó consigo al hermano León, pero prohibió que fuese alguien a visitarle hasta después de la fiesta de San Miguel. El 14 de septiembre de 1224 meditaba sobre la pasión de Cristo cuando de golpe apareció un brillante Serafín de seis alas, en cuyo centro distinguió la figura de un hombre crucificado. De él

 

salieron rayos de luz que perforaron sus manos, pies y costado, causándole estigmas.

 

Ahora me doy cuenta que, en la pintura, son cuatro personajes y no tres; San Francisco, Fray León (que es el que esta abajo escribiendo), Jesús y el Serafín detrás, el de las alas rojas.

 

Fray León es el único testigo de tan glorioso evento. Según dicen fray León “levantó sus ojos al Cielo y vio bajar como una nubecilla radiante, bellísima y espléndida que púsose sobre la cabeza de San Francisco, y oyó una voz que salía de la nubecilla, dirigiéndose a San Francisco; pero fray León no entendía las palabras”. Fray León es el más célebre de los compañeros de San Francisco. Era sacerdote. Debido a su gran pureza de alma y a su sencillez, Francisco lo escogía con frecuencia como compañero y le hacía confidente de sus secretos. Le llamaba «ovejuela de Dios». Era su confesor y también su secretario. Debió de unirse a la fraternidad en 1210 y vivió hasta 1271. Gran parte de las fuentes biográficas sobre San Francisco, se inspiran en los recuerdos que dejó escritos el hermano León

 

Me puse a googlear acerca de los serafines y encontré esto: “Los serafines son los ángeles más importantes y consejeros directos de Dios trabajando a su lado”. Se les conoce como "las flameantes llamas del rayo", "rayos de fuego del amor" o "llamas ardientes". Cantan sin cesar la música de las esferas, regulan el movimiento de los cielos y son la vibración primordial del amor. Los serafines son seres que pueden ser vistos solo por quienes son “elevados” a una dimensión superior, es decir, un estado en el que el cielo “se abre para ellos” (Ezequiel 1:1; Ap 4:1,2; 19:11).

 

Francisco trató de ocultar a los ojos de los hombres las señales de la Pasión del Señor que tenía impresas en el cuerpo; por ello, a partir de entonces llevaba siempre las manos dentro de las mangas del hábito y usaba medias y zapatos.

 

Dante, en su “Divina Comedia”, mencionará el hecho prodigioso del Averna, en el undécimo del Paraíso: “«Nel crudo sasso intra Tev Monte ere ed Arno / Da Cristo prese l’ultimo sigillo / Che le sue membra due anni portarno», (En el áspero monte entre el Tíber y el Arno / de Cristo recibió el último sello / que sus miembros llevaron durante dos años). Hoy en día, el lugar donde ocurrió el evento milagroso es un importante santuario franciscano. Donde antes hubiera una montaña baldía, en 1263 se construyó una capilla en el lugar que San Francisco recibió los estigmas. Se destaca allí la basílica de Santa María de los Ángeles, junto a la entrada original del santuario. Esta fue la primera iglesia en este terreno, construida en el siglo XIII. En el suelo, frente al altar se colocó una losa, en recuerdo del lugar exacto.





María Rico: Lacerante envidia

 

Soy esclavo de la obsesión

quiero lo que no tengo

tengo lo que no quiero

 

Mi estatura es la de Atila

mi voz apenas audible

siempre alicaído

el talento no cintila

ni finura, ni figura, ni guapura

…amargura

 

Me comparo

lacerante envidia

 

Eres el hombre perfecto

voz, estatura

porte, desenvoltura

 

Tu nombre de emperador

¡Marco Aurelio!

¡un portento de señor!

 

Todo mal repartido

¡qué injusta la vida!





Érica Garay: El abrigo

 

 

Ella

 

Siempre quiso un abrigo de piel, uno tan blanco como el armiño. Así que ahora lo exhibía con todo el deseo acumulado en décadas de espera; no iba a dejar pasar la ocasión de lucirlo. Lamentó que las calles estuvieran casi vacías. Claro, era de madrugada y el barrio de mala reputación.

 

Caminaba sonriente, con ojos desbordados. Por sus piernas corrían hilillos de carmín que dejaban rastro en las aceras. No vio el horror del portero cuando abandonó el hotel; tampoco escuchó los gritos que provocaba en los pocos peatones que la veían pasar.

 

Las luces y el ruido de la sirena del auto que la detuvo, no la sorprendieron; tampoco la voz amable que le pidió abordar. “Señorita, acompáñenos”, escuchó decir. Subió al vehículo con alegre decisión mientras ceñía su vientre ensangrentado con la blanca prenda que empezaba a rasgarse. Se la llevaron.

 

Él

 

Estaba cansado de llevar una doble vida, los años dejaron su marca y ahora prefería los fines de semana familiares, rutinarios. Estaba decidido a terminar con su relación, ésa que le exigía más pasión de la que le quedaba. Además, ya no podía simular viajes de negocios, su familia empezaba a sospechar. Se lo dijo esa noche.

 

El día anterior se sinceró con su mejor amigo, le confió todo. No entendía cómo una mujer fuerte, bellísima, insaciable, se hubiera interesado en él, hombre común y además casado, cuya única característica particular era tener la piel extraordinariamente blanca. A ella la enloquecía, se lo repetía siempre.

 

Ni siquiera se percató de la daga, fue certera, experta y le quitó la vida en un segundo. Con la piel ya fue distinto.





Mabel Ríos Graterol: Incontenible

 

Mi noche palpita de amor,

el amor que intento contener…

Frida Kahlo

 

Su mirada oro-verde

la deslumbró,

una joven entusiasta

ante un gran señor,

le encarnó las espadas

 

Sus palabras, el celaje

Diluida en sus manos

entregada sin resquicios

a su espejo de la noche

 

 

Resistió con entereza

heridas del cuerpo,

heridas del alma,

elevó su ímpetu

arrancando vida al tiempo

 

Desgarrada por entero

ya estaba incompleta

cuando lo perdió,

entonces lo amputó

 

No quiero volver a saber de ti

ni que tú sepas de mí …

 

quien le ama

con vehemente locura

Su Frida





Refugio Aguilera: Abrazo

 

Voz que grita palabras

 ni vienen de sus pensamientos

 ni son suyas.

 

Levanta la mirada

 buscando redención

 buscando ayuda

 y en esta ocasión

 alguien le abraza.

 

Calma, sosiego, respiro

 mano derecha, hombro izquierdo

 mano izquierda, hombro derecho

 arrullo continuado

 gozoso expande el pecho.

 

Dolor

 Transformado en

Amor.





Refugio Aguilera: Caminar

 

Parece fácil vivir la vida, cuando con el alma apachurrada, ante los demás, se sonríe.

 

El vaivén de la rutina, danza a distinto ritmo, según el día.

 

Pausa, que permite visualizar un horizonte que incierto es y aún así, invita a seguir caminando.

 

¿Para qué? El sentido no es el mismo que se ha buscado en las distintas etapas de la vida.

 

Parece sencillo trascender según lo dictado por la sociedad o la moda vigente, más inquieta el alma busca, anhela, demanda aún no sabe el que.

 

De repente, eso que no conocía, aparece y nada tiene que ver; con la sonrisa ni la danza ni el horizonte y da sentido al momento presente, sin desear la trascendencia, tan sólo la experiencia plena que nutre el alma.

 

Hoy es martes 13 de febrero de 2024, escribir es seguir un camino que se da aquí y ahora, sigamos caminando…





Héctor Hugo Herrera Chessal: El umbral inexplorado

 

 

Todo el amor que daba había sido comprendido

 

como la brisa deposita un cumulo de aire suspendido

 

en las hojas de los árboles añorando vida

 

hasta que conocí tu escondido reflejo

 

que me dejo casi perplejo

 

 

La marea brava de tu juego

 

me condujo a sentir soledad

 

 

Jamás imagine que lo viviría en esta edad

 

Pensaba que nunca me ahogaría en tu engaño

 

Ahí de mi por no confiar en mi ego

 

Tus juegos de poder no los vi venir

 

La batalla por el verdadero amor aun tiene porvenir

 

No me rendiré, siento rencor, desesperanza

 

De no encontrar otro amor que me de esperanza

 

Un nuevo amor que me conforte en futuras guerras.





Verónica Anaya: Eterno sube y baja

 

I

Pasión

al borde de ilusión

nuevos amantes

sonidos de olas [1]

 

cuerpos embebidos

finas aureolas,

sueños cumplidos.

Monotonía

al borde de agonía

cajero automático

sonido denario

cuerpo heroico

arduos calvarios

futura sinfonía

de pasión.

 

III

Día a día

al borde del ocaso

compartir almohadas

rutinas de baño

viejos amantes

suspiros abrazados

gemidos compartidos

eterna pasión.





 



[1] “El sonido de las olas entra en la habitación, se instala en los oídos de los próximos amantes.“ Maritza M. Buendía

Érica Garay: Pax et Bonum

  

Como un Atlas moderno, ¿quién no ha sentido sobre sí el peso de todo lo que ocurre? ¿Quién no ha lamentado la enorme carga de responsabilidades que lleva en hombros?

 

Frente a la exposición Pax et Bonum de la vida de San Francisco de Asís del pincel de Antonio de Torres, encuentro un óleo magnífico donde el autor plasma el sueño premonitorio del Papa Inocencio III: un pobre fraile andrajoso y desmedrado cargando todo el peso de la iglesia de San Juan de Letrán, que se encontraba en ruinas. De manera metafórica, el Sumo Pontífice entendió que Francisco sería el promotor de la recomposición de toda la Iglesia Católica que atravesaba por momentos complicados. ¡Qué imagen! Un hombre sencillo, en solitario, asume voluntariamente la enorme responsabilidad que le confiere su fe; lo hace de modo tal que aún permanece su impronta y su culto en todo el mundo católico. Ejemplo extraordinario el de San Francisco de Asís, santo entre los santos.

 

Entonces, ante tal paradigma, pregunto ¿hemos asumido de manera consciente nuestros compromisos? ¿Los llevamos con alegría, con tranquilidad? ¿Nos han adjudicado algunos que no nos corresponden?

 

A veces resulta imposible rechazar obligaciones que llegan intempestivas, sin pedirlas. Me viene a la mente el caso de una mujer de 72 años que asumió la custodia de siete nietos cuyas edades oscilaban entre los ocho meses y los nueve años, al quedar huérfanos de padre y madre; o el de la niña de nueve años que, siendo la “mayor”, cuidaba de sus cinco hermanitos mientras la madre vendía de casa en casa hortalizas

 

cultivadas por ella misma. Ahí no hay nada qué argumentar, se trata de la vida y sus desperfectos, de la entropía de Rudolf Clausius.

 

Pero ocurre que algunos caminamos sin reflexionar en la cantidad de compromisos que asumimos cada vez que elegimos hacerlo, porque a veces es así, no sabemos negarnos cuando se nos requiere; tampoco meditamos sobre los sentimientos que nos genera el realizarlos. Los psicólogos manejan diversos motivos para este comportamiento; explican que puede ser falta de asertividad y/o autoestima, sentimientos de culpabilidad, miedo a las consecuencias de no cumplir o hasta la autoconcepción de ser una mala persona.

 

Detenernos a pensar en cuáles son nuestras responsabilidades reales, porqué lo son, hasta dónde debemos llegar, qué pasaría si no cumplimos con tal o cual, tal vez podrían clarificar lo que realmente corresponde hacer y, asimismo, podríamos entender qué es lo que tanto nos pesa, qué cosas no tenemos ni queremos llevar a cuestas y, en el mejor de los casos, soltar lastre.

 

Termino con una pregunta: vivir sin culpas y llevar con libertad, con paz y bien, sólo aquello que nos corresponde, ¿es utópico?





Héctor Hugo Herrera Chessal: La extraña llamada

 

Desde tiempos inmemoriales, el ser humano siempre ha tenido miedo a perder la libertad de elegir, ya sea permitirse emociones, sobre todo, nocivas.

 

Es el caso de Israel, que ya había terminado su jornada laboral cuando de pronto, su celular suena y de inmediato contesta, pero nadie responde. Eran las diez de la noche, ya estaba agotado y ya quería descansar. Él vivía solo en su apartamento, ya que sus padres habían fallecido en un accidente automovilístico y solo le sobrevivía su hermano.

 

Llegando a su hogar, de nuevo le llamaron; pensó que era su hermano, tuvo miedo de que algo le hubiera sucedido.

 

Mi hermano siempre lo tuvo todo. Heredo la herencia familiar, y apenas termino la prepa. Que cosa mala podría pasarle. Y si, Israel reconocía que su hermano era más talentoso para los negocios que él.

 

Israel, en cambio, había tenido que estudiar a regañadientes, ya que sus padres siempre lo reprendían desde niño por no querer estudiar.

 

Israel anheló desde niño ser como su hermano.

 

Lo que no se imaginaba era que a su hermano lo habían asaltado y herido de muerte, cuando minutos antes de haberle llamado, era para pedirle auxilio. Al día siguiente, recibe la llamada de la policía dándole aviso de que su hermano había perdido la vida a manos del crimen organizado. Israel no lo podía creer, -¡es mi culpa!, ¡es mi culpa!-, decía en su mente atormentada.

 

Ya no podía hacer nada. La envidia ya había consumido el amor que sentía por su hermano, llevándolo a la muerte.





Luis Rosillo: Amor de juventud

 

Desde niño fue precoz, inteligente, emprendedor y ocurrente. Recién entrado a la juventud se hizo novio de una niña de nombre Libradita. Ella sólo tenía trece años, el dieciséis. Durante un tiempo disfrutaron de un noviazgo inocente, pero un día le propuso salirse con él.

 

La niña ingenua, pero encantada aceptó jugar a ser mujer. Con los nervios de la primera vez para ambos, no lo disfrutaron totalmente, pero con los días aprendieron a disfrutar de sus cuerpos sin culpa. No buscaban más que satisfacer ese despertar hormonal. Para él era solo una diablura, para ella un juego divertido.

 

Pasados unos días él la depositó en una casa respetable, como había visto hacer a sus mayores y esperaban que ahí terminara todo. Pero los familiares de ambos no opinaban los mismo. Como la niña no era aún apta para el matrimonio, fue necesario esperar un año y los casaron.

 

Fue un matrimonio muy prolífico, doce hijos, de los que solo diez llegaron a la edad adulta. Su matrimonio duró casi 65 años.





Lourdes Olivia Vallejo Loredo: Leer

  Libros universos infinitos   que exaltan nuestras pasiones   Leer extiende las alas,   que me llevarán a volar,   Leer sur...